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Pederasty isn’t Greek to Post-Taliban Afghans
Por Paul Varnell
Hace muchos años que Afganistán y las áreas adyacentes de
Asia central han sido vinculados a la
homosexualidad, en particular a las relaciones pederásticas
(es decir, hombres con jóvenes, normalmente entre quince y dieciocho años).
Esto es debido tanto a la segregación e inaccesibilidad
de mujeres que a los vínculos fuertes entre varones, generado por las culturas
de guerreros islámicos.
El psicólogo C.A. Tripp, una colega del famoso
investigador de sexo Alfred C. Kinsey, una vez opinó que la gran mayoría de
hombres afganos tuvieron alguna experiencia homosexual, en su juventud o como
hombres maderos, y muchas veces, en ambos.
Varios sultanes, reyes, y lideres de tribus afganos fueron
conocidos como pederastas. Muchos
mantenían pequeñas "harenes" de jóvenes varones, algunos con
adestramiento de bailarines ("batchas"). Algunas veces, los
comerciantes tomaron adolescentes llamados "esposas del viaje" en sus
caravanas de camellos.
Las poéticas afganos escribieron sobre el amor de jóvenes, por costumbre en términos
de alta romántica, pero a veces tratando de amor y lujuria en el mismo poema.
La reconocida Encyclopedia of Homosexuality [Enciclopedia de la homosexualidad] tiene una referencia a
un poema llamada "The Wounded Heart" [El Corazón lastimado] con las
palabras: "Hay un chaval al otro lado del rió con un recto como durazno,
pero ¡ay! no puedo nadar".
Con la atención pública enfocada a Afganistán, los diarios The Times
de Londres y The New York Times reportaron sobre la nueva visibilidad de
las relaciones pederastias después de la derrota del régimen talibán.
El artículo en The Times de Londres fue
puro sensacionalismo, casi cómico en sus exageraciones espeluznantes.
Trató de una cultura donde "la sodomía es una obsesión", en lo cual
un joven "ingenuo" y con "cara limpia", que
"cae en los manos de un hombre" es "preparado por sexo" y así
sujeto a una "destino terrible" y "marcado toda su vida".
Una vez, según el artículo, dos comandantes militares lucharon sobre cual de
los dos sería el amante de un joven.
Pero esto artículo se contradijo casi totalmente. Dijo
que el hombre mayor, usualmente casado, es más como un papi chulo. Las
relaciones son "abiertas completamente, una parte de la vida
cotidiana". No hay nada de "vergüenza o furtivo" y las parejas
menores son honorados más que los amigos del hombre. Los hombres pobres pueden
elevar su estatus social a través de atraer un joven amante.
Además, es necesario cortejar a los jóvenes, que tienen
usualmente quince o dieciséis años. Los hombres les invitan para tomar té u
ofrecerles regalos—hachís, o un reloj, un anillo, aun una motocicleta.
El regalo más valorado es una paloma de combate, lo cual vale hasta 400 dólares.
Es si como el reportero de The Times escribió
al principio un artículo en lenguaje llano,
pero luego dio cuenta que para publicarlo tendría poner una interpretación
negativa. O un redactor en Londres añadió lenguaje condenatorio
para hacer este artículo más aceptable por sus lectores, muchos de ellos
conservadoras.
El artículo en The New York Times el 21 de febrero
estuvo menos horripilante, pero compartió algunas de los mismos defectos. Trató
de "niños" y "pedofilia" pero los "niños" fueron
adolescentes, algunos de ellos de casi veinte años. Relató el artículo de
hombres luchando sobre un joven, pero admitió que normalmente hay que
cortejarlos con regalos.
Por ejemplo, un hombre entrevistado, Muhammad, de
veintinueve años, dijo que conoció a su amante Ahmed, de diecinueve años,
cuando Muhammad tuvo veintidós años y Ahmed doce.
Muhammad le
cortejaba por muchos meses, obsequiándole regalos como chocolate y "mucho
dinero" hasta que se hicieron buenos amigos y Ahmed, probablemente ya de
trece años, aceptó ser amante.
Ahmed dijo que tenía ningún remordimiento sobre la relación y ya que ellos tienen veintinueve y
diecinueve años, la relación aparece poco de pederastia, mucho menos
"pedofílico".
Pero ¡cielos! ¿Pueden demostrar estos diarios alguna
muestra de cultura, por favor? Ninguno de esto debe sorprenderse. Muchos
elementos son
cortados por el mismo patrón. Ya
conocimos muy bien de los griegos ancianos—la fundación, después de todo, de
la civilización nuestra.
Como los hombres afganos buscaban futuros amantes al
estadio de fútbol o en el cine, los griegos pasaban su tiempo libre al
gimnasio, lo que servía tanto como un centro social como una escuela atlética.
Allá los hombres tenían los ojos abiertos por jóvenes guapos, la mayoría entre quince y diecisiete
años. Algunas pinturas en los jarrones griegos
muestran hombres cortejando a jóvenes maduros, con cuerpos bien definidos,
aparecidos a un jugador de fútbol norteamericano de un colegio.
Cuando un hombre vio a un joven, trataría hacerse amigos, cortejándole con regalos y apartando los rivales por su favor. El regalo más común era
un gallito, quizás el equivalente antiguo a una paloma de combate.
Por lo tanto, otros regalos incluyeron una lira, una liebre, una codorniz o
ganso, perros, un venado, hasta
un caballo—este último el equivalente de una motocicleta en Afganistán de
hoy.
Y los jóvenes tenían el control. Podrían –e hacían– rechazar a un pretendiente y sus regalos. Varias de las pinturas en los jarrones muestran jóvenes alejándose de un hombre con
regalos o empujando la mano que fue estirada para tocarles.
La literatura griega aun atestigua que rivalidades sobre jóvenes no tuvieron
lugar sólo en Afganistán. El orador ateniense
Aeschines dijo que él ha "sido involucrado en las competiciones y luchas
que ocurren" en el esfuerzo de ser amante de un joven.
Todo lo que confirma que hay poco nuevo o verdaderamente ajeno en las relaciones
humanas.
—Se puede encontrar algunos comentarios anteriores de Paul Varnell a: indegayforum.org.
Su correo electrónico es: pvarnell@aol.com
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